Belgrano Apocalíptico
por Hernando Torri · 20/6/2026
Como si faltaran discusiones en el Río de la Plata, allá por el principio del Siglo XIX, la intelectualidad criolla sumó una muy interesante, pero que a priori, no tenía nada que ver con la independencia, las juntas de gobierno, la legitimidad del rey ni la puta que lo parió. Esta discusión que menciono tenía que ver ni más ni menos que con el Apocalipsis. Sí. Con ese libro profético que uno puede encontrar al final de la Biblia. Que al ser una obra tan críptica y llena de metáforas e imágenes terribles, ha tenido a la gente arrancándose los pelos desde que fuera escrita en la Isla de Patmos, hacia finales del reinado del emperador Diomiciano.
Por ese escrito sabemos, entre otras cosas, que al final de los tiempos el Anticristo impondrá su reinado, cuyo signo será la marca de la bestia. Sobre esto se puede especular mucho, pero tener pocas certezas, y está bien. Es una profecía, no el manual de instrucciones de una freidora de aire. Que si el Anticristo será una persona, o un grupo corporación o nación. Que si su reinado será de hermandad e igualdad, pero a cambio del alma de los hombres. Que si la marca de la Bestia es una metáfora o de verdad le van a poner a uno un sella en la frente.
En lo que todos están de acuerdo es en que Cristo va a volver y le va a partir la mandarina en gajos a su rival, el Anticristo. Belgrano andaba en esa. Full en esa. Como buen revolucionario e intelectual, digamos metiche profesional, no le apartó el culo a la jeringa. Era ilustrado y católico. Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, se llamaba. Y no falta quien dice que los colores de la bandera son en realidad los de la Virgen María, de la que era devoto. Pasa que la historiografía mitrista, liberal, laica y salvaje unitaria, suele pasar por alto estos detalles.
Cuestión que durante su misión diplomática por Inglaterra junto a (me toco un huevo) Bernardino Rivadavia, Belgrano aprovechó para editar un libro que analiza detalladamente el Apocalipsis. Libro que no era de su autoría, pero ese gesto nos habla de las inquietudes del tipo. Fue lector y promotor de esa obra que circulaba en manuscritos y resúmenes por el virreinato, y que Belgrano quiso plasmar en una cuidada edición impresa. “La venida del Mesías en gloria y majestad”, del chileno Manuel Lacunza.
Belgrano escribió un prólogo en el que defendió que los americanos no eran ningunos caídos del catre y podían, si querían, participar en discusiones tan altas y antiguas como cualquier europeo. ¿Sobre la monarquía? Tenemos opinión. ¿Sobre la economía y el mercado? Tenemos opinión. ¿Sobre el derecho? Tenemos opinión. ¿Y sobre el final de los tiempo? Preguntó uno. Acá tenes nuestra opinión, habrá dicho Belgrano, agarrándose la edición recién impresa de aquel libro. Es decir, había en aquella acción editorial una intención religiosa, pero también un manifiesto deseo de que los españoles se fueran a la concha de su madre. Ahora bien: la discusión de la que he estado hablando y que no he explicado es esta: Cristo vuelve, vence al Anticristo… ¿y después?
Unos decían que enseguida se llevará a cabo el Juicio. Los justos y los santos al cielo, los réprobos al horno, y todos felices. Otros decían que posterior a la derrota del anticristo vendrá un reinado de mil años de Cristo en la Tierra, entre los hombres, al final del cual habrá una gran resurrección y juicio. Los justos y los santos al cielo, los réprobos al horno, y todos felices. Por la naturaleza del libro que editó, prologó, y distribuyó, podemos decir que Belgrano adhería a la segunda posición, a la que hablaba de un reinado terrenal de Cristo antes del juicio final. Por supuesto, el tema es más complejo. Hay toda una discusión sobre si el libro era herético. El padre Castellani dice que no, rotundamente. Que la obra solo es extravagante, y difícil de leer por su estilo. Belgrano, religioso y revolucionario, por su parte, tuvo la decencia de morirse y no llegar a vivir nuestra época en la que no juramos por el rey, pero colonia somos. En la que a su bandera, nuestra bandera, no le entra una mácula más. En la que los candidatos a anticristo son tantos que uno no sabe cuál es el real. Nos vemos del otro lado, Manuel.